Llevo unos tres meses en este nuevo instituto y desde el comienzo hay una compañera a quien le recuerdo a alguien. A veces pasa, verdad? Que hay uno que crees haber visto antes, o que otro es la viva imagen de, o que mantienes una conversación con un tercero de la que tienes la absoluta certeza que ya sucedió antes. Los amantes de lo estrambótico saben que es cosa de brujas y que la Reencarnación, o que nuestro cerebro sólo utiliza un mínimo porcentaje de su capacidad, lo que resulta más que evidente en quienes hablan de todo esto, quienes están convencidos de que en otra vida fueron Alejandro o la Reina de Saba y te prestan libros en donde queda más que demostrado. Luego resulta que la explicación es de lo más lógica y no tiene nada de misterioso, lo que en ocasiones es incluso decepcionante, pero como nos gusta jugar, mi compañera y yo buscamos ese posible punto de encuentro en nuestras vidas.
Descartada una infancia común, ella creció de cara al Peine de los vientos, yo despeinado por la Tramontana, tenemos más o menos la misma edad, pero tampoco la facultad en donde ella de números y yo de adverbios, ella de trotskistas yo de Teresa Pàmies, ella de los Beatles yo de los Rolling Stones. Y le vamos dando vueltas: un museo en el que nunca estuvimos, un viaje a Nueva York, esa vez de acampada, ¿no tendrás un hermano mayor? Un día casi una película pero no, porque yo la ví en un pueblito con playa y ella recuerda un centro comercial. Otro un curso de inglés en años distintos. Y así se nos van pasando las clases y, a veces hablamos de pedagogía, y otras veces tomamos café.
Ayer por ejemplo, luego de que volviésemos a buscar, ella convencida de que los gestos, el tono al hablar, de que debemos haber compartido más que un escenario y a mí que me mata la curiosidad, en serio, que quiero saber si le recuerdo a algún actor o algo, deducimos, no obstante, que nos debemos conocer de los bares, que sería lo más habitual. Y seguimos con las evaluaciones y los comportamientos adolescentes y acalorada discusión sobre nuevas tecnologías que acaban, ya sabes que se me agotan los argumentos en seguida, con que soy antropólogo como si eso fuera concluyente. Y se ríe anteponiendo la palabra doctor a mi apellido. Sinceramente me sorprende que sepa mi apellido, a mí que me basta con el nombre y cuando no un tío ya es suficiente, y asegura que es buena recordando los apellidos, estoy a punto de hacer un chiste, y lo demuestra al citar los suyos como quien escribe el remite en un sobre.
-Qué, ¿ya te has acordado?- Pregunta ante lo evidente de mi rostro noqueado, la boca semiabierta, el café sin poder llevarlo a la boca desde la mano, sin poder retomar la respiración.
Ahora que ya estamos de vacaciones, tengo unos días para buscar una respuesta convincente a por qué no respondí su carta de finales de verano después de jurarnos el amor eterno que se jura a los dieciseís en los pueblitos con playa y centro comercial.
Y sé que no será convincente,
y sé que le dará igual
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lunes, 16 de diciembre de 2013
lunes, 9 de septiembre de 2013
ASÍ DE FÁCIL
Tiene la maravillosa costumbre de parar el coche donde le viene en gana. Por eso cuando, desde el otro lado de la calle escuchamos la frenada, y otro Ford casi se estrella contra el suyo, no me sorprende verla asomada a la ventanilla del conductor con medio cuerpo fuera gritando mi nombre. Corro para evitar uno de esos choques múltiples que salen en televisión y me cuelo en su coche preguntándole por su estado mental, a lo que responde haciendo así con el dedo. Va escuchando al Pirata que acaba de presentar una de Rosendo antes de las noticias de las nueve y es como si tuviésemos diecisiete.
¿Tenías perro la última vez? En la parte de atrás hay una de esas cestitas para transportar animales con un perro blanco y triste dentro, que parece medio mareado. La última vez tenía novio. Niágara da menos problemas. Lleva a la perra a casa de una amiga por unos días que estará fuera, exactamente lo mismo que hizo el novio hace casi un año ya, sólo que aquella vez la amiga no le estaba haciendo un favor. O puede que sí, recapacita, era un gilipollas. Por cierto, a dónde vas?
- A dónde me lleves.
-A Finlandia.
-Me estás proponiendo que nos fuguemos?
Pero no. Realmente va a Finlandia para no sé qué de una bibliioteca que están edificando en algún lugar que suena a lejísimos. El estudio en el que trabaja ha diseñado parte de la cubierta. Unos belgas el jardín. Irá directa al aeropuerto tras dejar a Niágara con su amiga que vive no demasiado lejos de donde me ha encontrado esperando el autobús como un niño desvalido que es como se espera al autobús los martes de septiembre a las nueve menos cuarto.
En realidad, ahora que voy en su coche me lleva en dirección contraria a la facultad, donde debería estar hace quince minutos, pero no me sorprende porque cada vez que nos encontramos es para ir en sentidos opuestos hasta que uno de los dos es consciente, hasta que uno de los dos lo admite, debería decir, (creo que somos conscientes todo el tiempo), y llegamos a la conclusión de que lo mejor es separarnos, a veces a trompadas, a veces a besos, pero seguros de que nos vamos a encontrar de nuevo en cualquier otro momento.
No tarda en volver de casa de su amiga sin la perra pero con la cestita, parece que la amiga tiene otra perrita y... La espero fuera, apoyado en el coche. Aquí me viene bien, gracias por traerme.
- ¿No vas a acompañarme al aeropuerto?
- Si subo otra vez, no voy a saber cuándo bajar.
- Cuando lleguemos al aeropuerto. Me das un beso y hasta otra. Así de fácil.
Y pone otra vez la radio. Así de fácil.
¿Tenías perro la última vez? En la parte de atrás hay una de esas cestitas para transportar animales con un perro blanco y triste dentro, que parece medio mareado. La última vez tenía novio. Niágara da menos problemas. Lleva a la perra a casa de una amiga por unos días que estará fuera, exactamente lo mismo que hizo el novio hace casi un año ya, sólo que aquella vez la amiga no le estaba haciendo un favor. O puede que sí, recapacita, era un gilipollas. Por cierto, a dónde vas?
- A dónde me lleves.
-A Finlandia.
-Me estás proponiendo que nos fuguemos?
Pero no. Realmente va a Finlandia para no sé qué de una bibliioteca que están edificando en algún lugar que suena a lejísimos. El estudio en el que trabaja ha diseñado parte de la cubierta. Unos belgas el jardín. Irá directa al aeropuerto tras dejar a Niágara con su amiga que vive no demasiado lejos de donde me ha encontrado esperando el autobús como un niño desvalido que es como se espera al autobús los martes de septiembre a las nueve menos cuarto.
En realidad, ahora que voy en su coche me lleva en dirección contraria a la facultad, donde debería estar hace quince minutos, pero no me sorprende porque cada vez que nos encontramos es para ir en sentidos opuestos hasta que uno de los dos es consciente, hasta que uno de los dos lo admite, debería decir, (creo que somos conscientes todo el tiempo), y llegamos a la conclusión de que lo mejor es separarnos, a veces a trompadas, a veces a besos, pero seguros de que nos vamos a encontrar de nuevo en cualquier otro momento.
No tarda en volver de casa de su amiga sin la perra pero con la cestita, parece que la amiga tiene otra perrita y... La espero fuera, apoyado en el coche. Aquí me viene bien, gracias por traerme.
- ¿No vas a acompañarme al aeropuerto?
- Si subo otra vez, no voy a saber cuándo bajar.
- Cuando lleguemos al aeropuerto. Me das un beso y hasta otra. Así de fácil.
Y pone otra vez la radio. Así de fácil.
jueves, 8 de julio de 2010
DOS AÑOS LLOVIENDO
Fijate que no puse el acento y ya va para dos años que tomamos café virtual, que ya son demasiados cafés para este corazón de arterias llenas de libros, de alta tensión, de manicomios y de Leonard Cohen. Fijate que en este último se multiplican los convidados como las piedras que aconsejaban al burlador, a eso de la media noche, y como tales se arrojan, esconden las manos, construyen hermosas estatuas de palabras. Y, así, de a poco, como sólo saben llegar los barcos viejos o los rincones vacíos, en los que aguardamos sin saber qué decir, así, sin apenas ruido, dos años de esta pseudoradiografía, aprendiendo a tejer, con lo poco que dejás decir a tus labios, un hilo de Ariadna que en lugar de encontrar la salida se enreda cada vez más, como una imprescindible rutina, una frase-latido, una frase columna vertebral, una frase o una canción o una película que vimos con las manos enlazadas acurrucados en el sillón, más allá del escritor fracasado, del maestro Prometeo encadenado a la ilusión de verme reflejado en el mar de tus ojos, vos que llevás el mar por definición. Sé que me equivocaré de nubes o pasos de cebra, de quince minutos tarde, de todas las veces que dije o que no dije, de todas las veces que llueve. Pero sé que algunas veces acertaré. Fijate que no puse el acento y hoy empezamos el tercer año, venís????
En este año te he contado de Nicolás, de la batalla de Brunete, que gracias a vosotros tuvo una enorme difusión, de la muerte de Nacho, que tanto nos impresionó, hemos reflexionado sobre educación, sobre el tiempo que pasa, hemos hablado de amor, y hemos aprendido qué es un poema circular, entre otras muchas cosas. Hemos recuperado viejos amigos y hemos hecho otros nuevos. Hemos escuchado buena música, visto buenas películas, visitado interesantes exposiciones y leido unos cuantos libros, de los buenos, y, además, nos hemos tomado un montón de cafés juntos
como decía Cyrano de Bergerac: quizás no volar muy alto, pero libre.
Muchas gracias por estar ahí.
En este año te he contado de Nicolás, de la batalla de Brunete, que gracias a vosotros tuvo una enorme difusión, de la muerte de Nacho, que tanto nos impresionó, hemos reflexionado sobre educación, sobre el tiempo que pasa, hemos hablado de amor, y hemos aprendido qué es un poema circular, entre otras muchas cosas. Hemos recuperado viejos amigos y hemos hecho otros nuevos. Hemos escuchado buena música, visto buenas películas, visitado interesantes exposiciones y leido unos cuantos libros, de los buenos, y, además, nos hemos tomado un montón de cafés juntos
como decía Cyrano de Bergerac: quizás no volar muy alto, pero libre.
Muchas gracias por estar ahí.
lunes, 1 de septiembre de 2008
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