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lunes, 9 de julio de 2012

TAN LEJOS

Llevo sin voz al menos una semana pero no pierdo la costumbre de decir aunque sea en voz baja y como distraído, aunque sea para que sus monólogos se conviertan en diálogos a base de repetir, no sé, o afirmar con un gesto de la cabeza y claro, cómo es eso?, esas cosas que le hacen sentir mejor y escuchada cuando vuelve del trabajo que me resulta tan extraño y yo le pregunto por andenes de metro y bolígrafos azules o me acurruco junto a ella dejando que su voz como un fluir y casi de inmediato el sueño en un bostezo y un último cigarro como esperando a que sus manos que empiezan a acariciar el pelo o a desabrochar camisas se tiendan de este lado mientras dice de las últimas noticias, enciende una pequeña luz en la mesita, me regaña por fumar en la cama y se deja caer como una sorpresa sobre la noche que se cuela por la ventana y  un poco de viento meciendo las cortinas. Soñará transparencias a las que pondrá nombré por la mañana mientras la observo ajeno también a este otro pedazo de ella.



jueves, 15 de marzo de 2012

TODO LO QUE NOS PASA NOS PASA EN MARTES

En la biblioteca de la Universidad Autónoma de Barcelona, sección tesis, hay una inédita titulada De vegades plou. L'exili com un estat d'ànim, un análisis, un tanto inocente si me permites, sobre la obra de Teresa Pàmies cuyo título puedo agenciarme porque se lo sugerí a su autora la misma mañana que inscribió la tesis en el registro de la facultad. Años atrás Alberto nos había prestado Va ploure tot el dia, digo nos porque cualquier libro sugerido por Alberto pasaba por todas nuestras manos, y ya apuntaba a algún tipo de investigación que, esas cosas, ella se apresuró en rechazar. Nicole aportó una cita de Jefferson West "...esta casa sin tí es un estado de ánimo más que una dirección postal" con lo que, aunque de lejos, casi todos nos sentíamos partícipes del cum laude.
Quizá ha llegado el momento de que explique el título del blog. Me lo has preguntado muchas veces y otras tantas he respondido con evasivas pero ya ves que no sólo lo he utilizado aquí. De hecho, es también el título de un texto que escribí en los días de la facultad para mi hermano Joan que atravesaba un mal momento con su novia de entonces y pretendía ser reflejo de un estado de ánimo (siempre Jeff West, ya sabes) Pero, más aún, la expresión, completamente descontextualizada, la escuché en Menorca de labios de un tipo que hablaba desde un teléfono público y contestaba de vegades plou a alguna pregunta, imagino, de su interlocutor. Siempre me he preguntado a qué demonios puedes responder con un A veces llueve hasta que Teresa Pàmies o Nicole o Jeff West o mi hermano Joan o esta casa sin ti pueden ser un buen motivo
El martes se me murió Teresa y digo me porque hice mía su voz, como vos la hiciste tuya, porque era la voz que escuchábamos de nuestros padres que también el exilio, y también nos contaban y también el PSUC y también esos amores a distancia que terminan por romperse cuando, después de tantos años, vuelves a tocarlos y se deshacen entre los dedos como papeles viejos. Es difícil, no, no es dificill es imposible que rompa a llover en este autobús de martes en el que vuelvo a casa después de leer en la web de Público que con Teresa también han muerto nuestros días universitarios, los libros que compartíamos, las calles de Barcelona, las cartas, las manos, los cafés, las veces que llovía aunque no lloviese, asi que,









miércoles, 25 de mayo de 2011

Balanceja una cama sobre l'altra mentre Durrell a Alexandria i les cinc menys cinc, una d'aquestes hores absurdes que equivalen a zero, just quan sent el que suposo un mosquit que li obliga, previnguda, a col·locar l'índex entre les pàgines i a gratar-se una miqueta amb l'altra mà en el límit de la faldilla primavera i blau i amb una bonica cremallera de les quals s'embussen abans que deixar-se caure al fred abisme del sòl d'una cambra d'estudiant que arriba en aquest precís instant amb la jaqueta sobre l'espatlla i més llibres, no veig des d'aquí però sembla àlgebra o alguna cosa molt pitjor, i ganes d'un petó que es converteix en retret, possiblement arriba tard o els llibres d'àlgebra, però petó després de tot i alguna proposta de les quals necessiten consultar el rellotge i mirar a l'esquerra per si l'autobús, però és el 54 que passa de llarg i se sentin de nou en la vorera i ell li passa un braç per darrere para agarrés a la seva cintura i ella Durrell però ara en veu alta. No sé a què ve aquest somriure que és exactament el que em pregunta ella agafant el meu encenedor, mirant també per la finestra del cafè, per preguntar si els conec i no li dic que som nosaltres però que ja no t'acordes sinó que apuro la Coca Cola i li dic el bonica que està i em tira el fum a la cara sabent, sense dir-ho, que tinc raó, que està preciosa però que ja no s'acorda




Balancea una pierna sobre la otra mientras Durrell en Alejandría y las cinco menos cinco, una de esas horas absurdas que equivalen a cero, justo cuando siente lo que supongo un mosquito que le obliga, precavida, a colocar el índice entre las páginas y a rascarse un poquito con la otra mano en el límite de la falda primavera y azul y con una bonita cremallera de las que se atascan antes que dejarse caer al frío abismo del suelo de un cuarto de estudiante que llega en ese preciso instante con la chaqueta sobre el hombro y más libros, no veo desde aquí pero parece álgebra o algo mucho peor, y ganas de un beso que se convierte en reproche, posiblemente llega tarde o los libros de álgebra, pero beso después de todo y alguna propuesta de las que necesitan consultar el reloj y mirar a la izquierda por si el autobús, pero es el 54 que pasa de largo y se sientan de nuevo en la acera y él le pasa un brazo por detrás para agarrase a su cintura y ella Durrell pero ahora en voz alta. No sé a qué viene esa sonrisa que es exactamente lo que me pregunta ella cogiendo mi encendedor, mirando también por la ventana del café, para preguntar si los conozco y no le digo que somos nosotros pero que ya no te acuerdas sino que apuro la Coca Cola y le digo lo bonita que está y me echa el humo a la cara sabiendo, sin decirlo, que tengo razón, que está preciosa pero que ya no se acuerda.

jueves, 24 de marzo de 2011

Piensas que un amor que ya no existe debe ser algo parecido a la felicidad, a lo mejor porque lo escuchaste de un pianista de café o porque ahora -hablo de este mismo momento no del ahora en que te has convertido- porque ahora, digo, que cuelgas el auricular después de uno de esos timbres que asustan, de una de esas conversaciones que es mejor mantener con los ojos cerrados aunque el otro no pueda verte, ahora, que el amor es una llamada telefónica en el mundo de los mensajes instantáneos y se va desvaneciendo de a poco aunque todavía lo siento o no te preocupes, ya se me había roto hace tiempo sólo lo estábamos cubriendo de apósitos y besos de enfermera, y, como de paso, voy a estar en Barcelona un par de días, por si quieres que nos veamos, y dejas caer un sí quiero, evidentemente descontextualizado, y Adriá, desde la otra habitación, preguntando qui és? y tú, queriendo decir se ha equivocado, respondes no és ningú manteniendo la mano sobre el teléfono, disimulando que lo cuelgas de nuevo cuando entra en el salón y te abraza desde atrás besandote en el pelo, en el cuello, y te pregunta qui? telefonem als meus pares i els donem la bona notícia?


miércoles, 27 de octubre de 2010

PAISAJE CON LUZ INTERIOR Nº3

Necesitabas separarte un poco más y te alejaste lo suficiente como para que se te cayera mi mano de tu cintura mientras se construía, ahora sí, una gramática de color ante tus ojos fijos en la esquina derecha donde la mancha era más gruesa y basta y algo púrpura. Debo reconocer que sentí miedo al notar mi brazo colgar como muerto, y lo llevé al díptico buscando alguna explicación, pero sólo Nueva York, 1971, y una cita de Malraux que ni siquiera estaba relacionada con la asimetría que formábamos, de tal modo que, si me giraba, podía verte inundada del amarillo proyectado desde la tela leyéndote lo mismo que tú leías en ella, completando el círculo del que era evidente yo era un radio inexistente.
Empezaba a anochecérseme la sala como un castillo de naipes, y al menor movimiento se vino abajo el sol, con el estrépito propio de estas ocasiones. Y sin tiempo a recoger los pedazos quise decirte ven y me salió Klee, aunque creo que dije, Kli o Chesterfield, que tampoco sirvió para retornarte, ni era mi pretensión, te lo prometo, aun cuando comencé a buscar un cigarrillo que certificara la necesidad, al menos por mi parte, de comenzar la huida.
Tengo frío. Pero no fue exáctamente eso. Fue, más bien, la certeza de que no hablabas conmigo, la seguridad de que me estaba creciendo un tercer pulmón en un lugar aproximado por el que caminábamos de vuelta. Intenté pasar mi brazo sobre tus hombros y aceptaste una calada mirándote los zapatos, sabiendo que cruzar la mirada, ahora, sería encontrarnos de nuevo ante la necesidad de sonreir o de algún otro convencionalismo formal ya tan fuera de lugar. Bajamos la calle escuchando nuestros propios pasos de mediados de enero mientras en las casas se preparaba una cena, se estudiaba álgebra, se celebraba un gol.


jueves, 14 de octubre de 2010

RICHARD MANUEL IS DEAD

Hi ha d'haver un lloc més enllà dels noms, de les estacions, de les vegades que vam dir més enllà i ens vam prometre no tornar a repetir paraules com Barcelona o Dimarts o torna aviat, un lloc en el que aquest horrible passadís de Plaça Catalunya, entre l'1 i la 3, acabi, exactament, sota de l'aixeta que degotava tan hipnòtica, tan tendra, se't va ocórrer, la matinada en la qual vam saber que Richard Manuel havia mort i vam encendre una vela, perquè pensaves que era el correcte, i guardem un minut de silenci interromput, en el segon trenta-tres, per l'alarma del radi despertador i la cendra que em va caure sobre el pijama. I ens vam adonar el 1986 que Richard Manuel havia mort i que, potser, el nostre homenatge arribava una mica tard. Llavors em vas explicar que les estrelles estan totes mortes i que la llum que vam veure al cel la noche anterior va ser l'última llum que algun cos celeste va emetre milions d'anys abans, just abans de morir, i, ja veus, continuem veient-la avui. I em va semblar tan bonic que vaig sentir fred i vaig tremolar mentre deies no et preocupis, i es feia de dia d'a poc, i et vaig preguntar si també tu i jo estàvem morts, i em vas mirar amb aquests ulls de nen, tan bonics.
Un lloc en el qual posar tot això al que no trobo per més que busco desesperadament a la bossa explicant-lo en de seguretat i al cap d'estació, que em demana mostrar-li el bitllet, i posa cara de cap d'estació, mentre els crido, ja sense poder contenir les llàgrimes, que Richard Manuel ha mort.














Debe haber un lugar más allá de los nombres, de las estaciones, de las veces que dijimos más allá y nos prometimos no volver a repetir palabras como Barcelona o Martes o vuelve pronto, un lugar en el que este horrible pasillo de Plaça Catalunya, entre la 1 y la 3, termine, exactamente, debajo del grifo que goteaba tan hipnótico, tan blando, se te ocurrió, la madrugada en que supimos que Richard Manuel había muerto y encendimos una vela, porque pensabas que era lo correcto, y guardamos un minuto de silencio interrumpido, en el segundo treinta y tres, por la alarma del radio despertador y la ceniza que se me cayó sobre el pijama. Y nos dimos cuenta de que Richard Manuel había muerto en 1986 y que, quizá, nuestro homenaje llegaba un poco tarde. Entonces me explicaste que las estrellas están todas muertas y que la luz que vimos en el cielo la noche anterior fue la última luz que algún cuerpo celeste emitió millones de años antes, justo antes de morir, y, ya ves, seguimos viéndola hoy. Y me pareció tan hermoso que sentí frío y temblé mientras decías no te preocupes, y amanecía de a poco, y te pregunté si también tú y yo estábamos muertos, y me miraste con esos ojos de niño, tan bonitos.
Un lugar en el que poner todo eso y que no encuentro por más que busco desesperadamente en el bolso explicándole al de seguridad y al jefe de estación, que me pide mostrarle el billete, y pone cara de jefe de estación, mientras les grito, ya sin poder contener las lágrimas, que Richard Manuel ha muerto.

lunes, 9 de febrero de 2009

A VECES EL VIENTO

Es ese sabor a cansancio y asfalto cada noche mientras subes la escalera y te detienes frente a la puerta y encuentras este cadáver exquisito a base de bic azul y faltas de ortografía en que se ha convertido la distancia y los nombres que, a veces, confundes pero que siempre Sant Martí con Torrellas, la parada del 125 o I´m not ready for this sort of thing, justo cuando giras la llave y la oscuridad inunda el rellano en otro septiembre y otra pieza y otra luna colándose en Rembrandt por la ventana del fondo como si de un tenebrismo, matizado en Flandes, que indefectiblemente se borra al prender la luz para rasgar el sobre como quien sabe que el tiempo es una absurda variable de convencionalismos que llamamos días, horas, minutos, cuando en realidad quisiéramos decir por qué no estás?

Barcelona, 4 d'setembre de 2002
Ha de ser que encara no se m'ha tret aquesta lletja mania de creuar sense mirar als costats i no assoliment evitar topar-me amb els cafès, els enterraments, les cantonades grogues en les quals t'he anat convertint en alguna cosa així com un dolor d'esquena, uns anys més tard, un vell costum que empal·lideix en l'idioma que ja hauràs oblidat pel desús i les nits senceres en què dormir era una forma de parlar amb les mans a la cintura de l'altre. Ha de ser que sis anys, que arriba un dia en el qual tornes a casa i ja t'has acostumat que les visites no preguntin per tu, en el qual et converteixes en un més d'aquests que somriuen als àlbums de fotos, en el qual així, sense més, un nom, un minut de silenci, un quedar-se aturat davant de, què sé jo, els cafès, els enterraments, les cantonades grogues, i creure, per un moment que puc girar-me i trobar-te en el meu costat, i trobar-me al costat d'un semàfor en ambre que ara verd. I continuo caminant.

No es más que el viento, sólo el viento afuera.



Holiday in Spain. BLOF AND COUNTING CROWS


miércoles, 9 de julio de 2008

LOS VERANOS Y EL INVIERNO

Pero, ¿qué saben los veranos del invierno? ¿Qué saben si tenés ganas o tiempo o un ultramoderno televisor? ¿Qué saben de tejer equinoccios sobre los charcos, de esa nula incapacidad de farmacia por sobrevivir al silencio?

Fijate que duele y, a veces, azul como los rostros ahogados de Zacarias Olite, como las mañanas en que despertás y era todo cierto. Fijate que otro martes circular camino de tu ombligo, en que volver es más bien una figura literaria, el duodécimo intento por seguir detenido, como si eso no fuera una contradicción.

Pero, ¿qué saben los veranos de tus labios golpeando palabras, de tus ojos desnudos dejándose caer o desmontándose como las malas coartadas? ¿Qué saben los veranos de puertas, de manos abrazando paraguas?

Me pregunto, qué saben los veranos de tu nombre.





A long december. COUNTING CROWS