Leo en El País que The New York Times le dedicó hace un par de años un reportaje a Madrid calificándola de hermana aletargada y provinciana de Barcelona, definición con la que estoy plenamente de acuerdo. Siempre he considerado a Madrid un pueblo grande, atrasado, lejos de las experiencias culturales y políticas europeas, reducto de la intransigencia más casposa de la España profunda, la mentalidad más pueblerina de las capitales europeas. La imagen de una España folclórica de toros y mantilla, de catecismo y guardia civiles no sólo es producto de una pésima campaña publicitaria es propia de un Madrid que perdió la vanguardia cultural en los noventa, coincidiendo, por otra parte, con la llegada a la Alcaldía de Madrid del Partido Popular que se perpetúa en el gobierno municipal desde el año 1991 porque así lo quiere la inmensa mayoría de votantes madrileños, que deben estar muy contentos con, entre otras cosas, el cierre de numerosas salas de concierto, teatros, cines, salas de exposiciones, que se han venido sucediendo durante las dos últimas décadas en Madrid, a favor de Festivales oficiales, cines y teatros vendidos a multinacionales, noches en blanco de dudosa calidad pedagógica y artística, y muchas más cosas que seguro se te ocurren.
Me sorprende, eso sí, que The New York Times haya publicado hace unas semanas un nuevo reportaje sobre Madrid en el que se destaca como una ciudad para pasear (Pasear?) La ciudad de las innumerables obras, (media plaza de Ópera está vallada, la Puerta del Sol impracticable, zanjas y socavones por cualquier lado), se convierte para el diario neoyorquino en una ciudad para dar agradables paseos… Es probable que Madrid haya cambiado en los últimos dos años de forma espectacular y que quienes la padecemos cada día no nos hayamos dado cuenta, igual que no nos damos cuenta de nuestros propios cambios físicos, acostumbrados como estamos a vernos a diario, hasta que alguien que hace tiempo no nos ve comenta, cómo has cambiado, que quiere decir algo así como estás más viejo, tio!!!
El teatro ha crecido en oferta y público en los últimos dos años, no sólo en Madrid, en España en general, se han abierto o mejorado salas de conciertos y la oferta cultural se ha renovado considerablemente, pero no por ello Madrid se ha convertido en una ciudad cosmopolita, abierta a nuevas tendencias, a la experimentación, a las novedades. Madrid sigue siendo ese pueblerino analfabeto que escucha hablar en un idioma distinto al suyo y responde “y tu madre, por si acaso.”
Mientras no cambie la mentalidad de los madrileños la ciudad seguirá siendo provinciana y aletargada por mucho que se disfrace.