miércoles, 25 de marzo de 2009

GASTROENTERITIS

Riesgos de comer fuera de casa, supongo. Nos emocionamos, hablamos demasiado, un poco más no puede hacernos daños, y la liamos. Seguro que fue Georg Trakl o parte de Rilke, el caso es que me pasé toda la noche del domingo vomitando versos alemanes. El lunes llamé a un doctor que no se dignó a acudir a mi domicilio pero sí me telediagnosticó una intoxicación grave, recomendándome un severo ayuno a partir del cual sólo estaría permitida la literatura del diecinueve, por cuestiones obvias. Pregunté si tal vez Borges, y tras un incómodo silencio el doctor prefirió que ante la duda me abstuviese. Ni se me ocurrió mencionar a Dario Fo, que espera con Muerte Accidental De Un Anarquista, pero creo que lo intuyó porque acto seguido me prohibió cualquier comedia posterior a Miguel Mihura.

Llamé a Mari que ya empezaba a notar los primeros síntomas de la intoxicación, Lawrence Durrell, un caso evidente, y ya era tratada de urgencia en su hospital. Nada de Benedetti, tal vez dosis ínfimas de Victoria Ocampo y ni mencionar a Huidobro, era más serio de lo que pensábamos. Pasamos una noche horrible envueltos en la fiebre de Poe y Baudelaire, apenas conseguimos dormir más de media hora seguida y un sudor frío, como de síndrome de abstinencia, nos llevó directos al martes, en el que ya un poco mejor, casi a escondidas, Raymond Carver aun sabiendo que podíamos recaer, y John Keats, que no deja de ser del diecinueve (pero el doctor se refería a Galdós, por supuesto)

El anodino martes de sol nos propició algo de descanso, vimos una película tonta. Todavía con fiebre nos permitimos de la cuna que se mece eternamente y decidimos dormir justo antes de este miércoles horrible en el que ya restablecidos, unos amigos nos llamaron para reconfortarnos y sugerirnos que cambiásemos los libros por cuadros de señores con sombrero o bailarinas en posición de degage.





1 comentario:

Estrella Polar dijo...

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