jueves, 14 de mayo de 2009

EL DÍA EN QUE ME CONVERTÍ EN TXIKI BEGUIRISTAIN

No éramos los únicos asiduos a la cafetería de la facultad, había al menos otro grupo de tarados con el que coincidíamos de 8:30 a 14:00, como si de un horario laboral se tratase, entre los que estaba Txiki Beguiristain, un tipo cuyo nombre ignorábamos pero con un enorme parecido al futbolista. Claramente mayor que el alumno medio, posiblemente matriculado en Arte pues se juntaba con Iberoasia, la Johnny, y el tipo del Estudiantes, así de originales éramos para referirnos a quienes sólo conocíamos de vista, Txiki Beguiristain era objeto de numerosas especulaciones con los mismos ojos que ahora me observan a mí mientras me tomo un café en la cafetería de la facultad, extremadamente cambiada por cierto, con prohibiciones para fumar o para pegar carteles, con máquinas que expenden un ticket que debes validar para solicitar una consumición, con tipos sanos de gimnasio que hablan de Ana Rosa Quintana, (te lo juro, en la cola de las fotocopias), especulando en esta que siempre fue mi cafetería, (estábamos seguros de que los tipos del bar se habían hecho un chalet en la sierra a nuestra costa), por qué un tipo como yo, que es claramente mayor que el alumno medio, y que además está leyendo un libro, algo que nadie hace en ya en una cafetería universitaria, sonríe absorto en sus pensamientos.


La historia es una montaña rusa que siempre pasa por los mismos lugares y algunas de las modificaciones que plantea el Plan Bolonia ya las habíamos puesto en práctica nosotros, ahora que caigo. El plan Bolonia prevé que el alumno universitario sea un sujeto activo de su formación y no un simple copista como sucede en la mayoría de los casos actuales, sin embargo para ello es necesaria una transformación radical no solo por parte del alumno sino también del lado del profesorado quienes, se entiende, abandonarán sus clases magistrales (la mayoría de los docentes que tuvimos en la carrera poco tenían de magistrales, por cierto), para convertirse en algo así como tutores de una materia, lo que es del todo imposible si no se aumenta la ratio profesor alumno que en la complutense al menos es de aproximadamente uno por 80 alumnos, ya me diréis que tutoría se puede realizar sobre 80 alumnos, con lo que por mucho que la teoría los profesores seguirán impartiendo sus aburridísimas clases tal como lo vienen haciendo en la actualidad con Bolonia o sin ella. De todos modos nosotros ya comenzamos a ser sujetos activos de nuestra formación universitaria puesto que ser alumno de cafetería, una categoría bien definida, no te convertía necesariamente en receptor de los apuntes de otros, de hecho en numerosas ocasiones obteníamos una negativa por respuesta cuando pedíamos apuntes o bien nos colaban unas penosas notas que pretendían ser esquemas de alguna asignatura lo que además nos indignaba, sobre todo al Turu que lamentaba la incompetencia de quienes nos prestaban amablemente los apuntes y amenazaba con acudir a clase para tomarlos por sí mismo, algo que, por otra parte, nunca ocurría. De ahí que no en pocas ocasiones tuviéramos que preparar la materia por nuestra cuenta.


Pasar toda la mañana en la cafetería no era sinónimo, por tanto, de ausencia de interés, y menos de ausencia de estudio. Te he contado millones de veces cómo construimos el mítico trabajo sobre Uruguay para una asignatura llamada Problemática política y social de la América contemporánea mientras comíamos cualquier cosa y fumábamos muchísimo, tanto, que Pablo se emocionó y construyó un enorme discurso reivindicando la liberación de Palestina apropósito de la deuda externa uruguaya, así de grande era Pablo. Firmamos el trabajo unos diez tipos, a algunos de ellos ni siquiera los conocíamos, pero qué importaba, nosotros habíamos aprendido un montón de cosas, tal vez no todas estuviesen relacionadas con Uruguay, pero nos merecimos un enorme notable, así como nuestros compañeros que presentaron el trabajo en sucesivos cursos. Estoy seguro de que hoy todavía circula, más aún, algún día pediré un trabajo sobre Uruguay y alguien me devolverá nuestra obra maestra, perfectamente encuadernada, a doble espacio y con el entrañable principio (“Hay países que sólo aparecen en los mapas si te fijas muy de cerca…”) que se nos ocurrió en esta misma mesa, la que ocupaba cada mañana Txiki Beguiristain.

3 comentarios:

Estrella Polar dijo...

me encantan las historias de los cachopos...

Jita dijo...

La solución es fácil para poder dar esas clases-tutorías, se van a reducir el número de estudiantes por clase. Será más complicado acceder a la universidad, más caro, etc.

Quisiera ver ese artículo sobre Uruguay. Cuándo un café?

J. Oliva dijo...

Maquiavélico el Plan Bolonia. De todos modos, tal vez le estamos dando demasiada importancia a la Universidad, de hecho, tal como está concebida en la actualidad no es más que una mera fábrica de licenciados. Cierto que reducir el número de alumnos con tasas prohibitivas noes una solución, pero ¿no crees que hay demasiada gente, en nuestra facul por ejemplo, que realmente no pinta nada allí?
Conversación de café, no obstante, que tendrá que esperar a Junio, pero no te confies cualquier día de estos te llamo.