sábado, 20 de agosto de 2011

PEREGRINANDO

Llevo más de una semana por aquí peregrinando de parque en parque con Nicolás y un montón de guiris muy contentos que vienen a ver a su jefe y de paso colapsan el metro y los Mc Donald. Madrid ha sido tomada por felices católicos, muchos de los cuales, han decidio instalarse en la escuela pública que tengo aquí al lado, donde Nicolás no obtuvo plaza, debe ser que porque no es católico, y se despiertan todas las mañanas cantando no sé qué de cuándo les dijeron vamos a la casa de un señor, y me temo que sea a la mía, aunque de señor más bien poco, pero, creeme, dan miedo. El otro día en la puerta del metro un grupo uniformado con banderas libanesas y uno que recuerda un poco de la historia del Líbano y de los uniformados cristianos no puede más que sentirse acongojado y pasar de largo con la mirada en el suelo no vaya a ser que.
El caso es que con tanto peregrinar y como los canguros (léase los abuelos) siguen de vacaciones apenas tengo tiempo de actualizar el blog, y cuando lo tengo me da por leer primero los vuestros (Guillermo está de un prolífico que ya llevo unas 120 entradas de retraso) y sólo me queda tiempo para unas breves líneas a modo de señal de vida y un más breve texto, que no deja de ser más que un copy-pega que se puede titular
La primera vez

Es cierto que la primera vez duele, que lloré tu nombre hundida en la almohada con la cabeza tragada por esa incertidumbre que nace de océanos desconectados y teléfonos inmensos, del incompleto todavía de tu silencio a mi lado, de todos los minutos que fueron desde la una menos cuarto hasta las 3:52. Es cierto que la primera vez extendí la mano para tocar la tuya, que me giré, hasta tres veces, buscando los ojos cerrados de tu rostro, que encendí la luz de la mesita y luego un cigarro y luego la radio y, aún así, todo siguió a oscuras.
Es cierto, la primera vez es una distancia que a la segunda casi es comodidad y a la tercera una costumbre. No es que me sea fácil dormir sin tí, es que a veces sueño contigo. Pero es cierto, la primera noche que no volviste la pasé sentada en el borde de la cama viendo cómo el cuarto se hacía medio y hasta enteramente hueco. No es menos cierto, amor, que el tiempo, ya sabes, y que dormir de nuevo y las noches más largas de los finales de año, por eso aún no logro entender qué demonios hago escribiéndote esto a las tres de la mañana.

Claro, la canción tenía que ser esta



aunque ya la había utilizado en otra ocasión.

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