viernes, 1 de abril de 2011


Das cinco pasos y te detienes al descubrir algo así como una esfera que, en cuclillas, mamá llama piedra y la califíca de mágica y te la pone en la mano y la miras por unos segundos hasta que decides explorar otros cinco pasos más allá, arrojando la piedra al suelo porque ahora un perro que señalas y nos miras como diciendo, habéis visto? justo cuando una nube oculta el sol y tu sombra desparace con lo que miras al cielo reclamando y el sol vuelve, en ese mismo instante, lo que te provoca una enorme carcajada y gritas y cinco pasos más, y otros cinco para tropezar y mamá sacudiéndote la arena y no pasa nada, tonto, porque la arena, que tocas despacio, que quieres llevarte a la boca, se desprende, se desliza, por sí sola de entre tus dedos y ahora una flor azul, pero no sabes decir azul y te limitas a sonreirla y más piedras que posiblemente sean tan mágicas como la anterior y te paras, pensativo te paras, te coges las manos, le ofreces una a mamá y te giras comprobando que yo también estoy y que sigo ahí, aunque a veces no me veas, y otros cinco pasos más despacio, casi saboreándolos, casi como quien sabe que de a cinco el mundo es un poco más soportable, y la mano de mamá, claro.

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